me conmueven estas mesas de trabajo y su trabajar de mesa,
son obreras silenciosas, incansables, que como los árboles, mueren de pie.
no se si será posible reconstruir sus orígenes, pero se nota que han vivido intensamente.
ponen el cuerpo, el lomo, la piel marcada, nos sostienen cualquier cosa sin juzgarla,
también nos sostienen el alma.
ofrecen una cómplice y mansa resistencia a nuestro impulso,
a los golpes necesarios de la labor, al calor de las tazas,
nos re-unen en rondas cuadradas, y escuchan pacientes cada palabra.



